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Por: Jaime Lopera Gutiérrez (jjlope@telesat.com.co)
El desbordamiento colonizador centrífugo que se inicio en el oriente antioqueño, y del cual hemos
hablado en las páginas anteriores, produjo nuevos núcleos expansivos: Salamina, Manzanares, Salento,
Pereira.
Pero en alguna parte del proceso expansivo, y a partir de la situación de pobreza que se vivió
especialmente en Sonsón, la fiebre de la guaquería —por la atracción de los tesoros de Maraveles,
de Pipintá y los del cacique Calarcá—; el afán de rehuir el reclutamiento de tropas para las
guerras del 85; y la necesidad de establecer una cabeza de puente entre Popayán y Santa Fe, fueron diversas
razones para que, entre 1830 y 1910, se fundaran nuevas poblaciones a lo largo de una línea imaginaria que va
desde Aguadas hasta Caicedonia y Sevilla, pasando por Salamina, Aranzazu, Neira, Manizales, Pereira, Salento,
Calarcá y Armenia.
Más adelante, ya en el tercio final del Siglo XIX, la economía cafetera operó como una
emprendedora fuerza de arrastre de la colonización. Se observa entonces, como lo señala Antonio
García, un «encuentro histórico entre la poderosa corriente colonizadora y el sistema de
explotación comercial (que) originó la transformación de los colonos trashumantes en empresarios
agrícolas que hicieron posible la formación de un verdadero sector agrario exportador en la
economía colombiana»(1). Así se organizan dos sistemas económicos y sociales diferentes:
la finca familiar, con participación del colono caldense y su familia en la explotación cafetera; y el
sistema llamado cundinamarqués, de haciendas y de peonaje, fundamentado en el trabajo asalariado.
La primera ola expedicionaria al Quindío se originó en el caucho.
Heliodoro Peña(2) cuenta que en 1872 se enviaron a Manuel Mejía Santamaría, quien estaba en
Salento y había llegado recientemente del distrito cauchero de Esmeraldas, en el Ecuador, unas muestras de
caucho obtenidas en el Quindío. No se sabe quién las había encontrado, pero Mejía, que
conocía esta clase de árboles, viajo con esas muestras a Medellín y luego a Manizales anunciando
la riqueza cauchera de la región situada al sur de Pereira.
Entre 1877 y 1880 los caucheros visitaron intensamente la región, constituyéndose Pereira en centro
de su comercio regular. Pero como las señala Parsons, «los bajos precios de los mercados europeos y los
métodos destructivos de explotación empleados, pronto acabaron con este breve capítulo de la
historia del Quindío.(3)
Posteriormente fue el oro.
El progreso de la guaquería lo marca Arango(4) entre 1885 hasta 1914, cuando comenzó su decadencia.
No se sabe cuánto metal sacaron los guaqueros de la región, pero existieron entierros tan ricos que
pasaban del medio quintal en coronas, bastones y cornetas de oro (el quintal, en el sistema métrico decimal,
equivale a un peso de cien kilogramos)
Arango describía las guacas así: «En la hoya del Quindío no hay sino dos clases de
guacas: circulares y de escuadra. De las circulares son los tambores. Las de escuadra comprenden cajones, tajos
abiertos y matecañeras. De todas esas guacas hay grandes y pequeñas; profundidad desde uno hasta diez
metros, término medio. Las hay de 25 metros, pero son pocas. Las más abundantes son tambores y
cajones. Bóveda no hay sino una clase, de escuadra. Las hay cuadradas, sombras, cairizos, media luna, chuspas
de guaquero»(5). Es una delicia leer las descripciones de las guacas que hace Arango, así como los
apodos de los guaqueros que, en número de 500, habían llegado al Quindío.
Luego aparecieron los cerdos.
Para los colonizadores que estaban llegando al Quindío fueron un estupendo negocio: las guerras civiles
que azotaban al Cauca y Antioquia (1885 en adelante) traían consigo la destrucción de sementeras y de
haciendas; los salentinos ya establecidos; en parte inmunes a dichas guerras por ser apenas una colonia penitenciaria,
producían maíz en cantidades apreciables, pero en los períodos de superproducción
engordaban con este grano las partidas de cerdos que se traían del Cauca, de Pereira y de Cartago.
El caucho, el oro, los cerdos; pero además, la huida de las guerras civiles, y tal vez una porción
romántica de aventura, fueron el origen remoto de la colonización quindiana. Pero asimismo, y en
especial, la oferta de tierra que fuera estimulada por las leyes de adjudicación en baldíos (leyes 61
de 1874 y 48 de 1882) a los nuevos pobladores o cultivadores que las reclamaran, o a los empresarios de nuevas
vías de comunicación de carácter nacional.
Aquel fuerte sentido de comunidad observado en el norte caldense(6), sólo fructificó en el
Quindío cuando se establecieron los primeros colonos salentinos en el sitio donde posteriormente fue fundada
Calarcá. Allí encontramos un espíritu social, colectivo, que comenzó con la disputa
contra los terratenientes de Burila, luego se acentúa con los primeros cultivos de café y promueve una
nueva agricultura «comercial» que empezaba a construirse como atadura socioeconómica de los
colonizadores.
Salento fue la antesala del Quindío.
La primitiva fundación de esta población se hizo en torno a un presidio (1842), en el punto llamado
Boquía. Después de la guerra del 65 se convirtió el caserío, por ser paso obligado de las
tropas en el camino nacional hacia el Tolima. Recién pasada la guerra, las frecuentes crecidas de los
ríos Quindío y Boquía, que en tiempo de invierno amenazaban con inundar la aldea, influyeron en
el ánimo de los vecinos y habitantes, para trasladarse al punto llamado Barcinales(7).
Esta segunda fundación de Salento ocurrió en 1851(8).
En este segundo caso, los vecinos hicieron un reclamo de tierras: una ley de 1872 le adjudicó 15.360
hectáreas a los pobladores de la Nueva Salento (9). Poco a poco el caserío se consolidó como una
avanzada en el camino hacia el Tolima y como «fonda de descanso» de los viajeros, aparte de su papel como
penal de la provincia. Por allí pasaron hacia Bogotá tropas del Cauca, y parte del ejército
gubernamental que combatió en Manizales durante las guerras de 1860 y 1876(10).
La Nueva Salento, como se llamaba entonces, estaba localizada en concesión que le hizo el gobierno en 1851.
No obstante, unos treinta años después de fundada esa Salento, algunos de sus pobladores comienzan a
hacer incursiones por el territorio del Quindío, y es así como, hacia 1882, encontramos datos de las
primeras exploraciones por el territorio que hoy ocupa Calarcá (la historiadora Olga Cadena afirma que, dadas
estas numerosas avanzadas de colonos en Calarcá, es esta población la que debe ser mencionada como la
madre del Quindío).
Un cartagueño, el abogado Ramón E. Palau, reclama al Gobierno central, y a nombre de los salentinos,
la titularidad de 12 mil fanegadas —que luego serán 15.000 hectáreas— para sus pobladores y asimismo
para estimular la colonización del antioqueño que «no cultiva el terreno en el cual no cuenta
con el aliciente de la propiedad, ni vive grato en donde no hay cura»(11) según un documento fechado en
1865.
Hacia 1865 Boquía es una aldea de 1.000 habitantes. En esa época el Estado del Cauca les concede a
sus pobladores el privilegio para la conservación del nuevo camino nacional cobrando por cincuenta años
los derechos de una tarifa o peaje regular. «Ya está organizada —dice el manuscrito que comentamos— la
asociación en la que el pueblo de Nueva Salento y accionista, participando de una 4ª parte de los
rendimientos, y el 5 de diciembre del año próximo pasado comenzaron los trabajos de
apertura».
Una década más adelante, sobreviene la fundación de Filandia, ocurrida el 20 de agosto de
1878 por 102 personas que suscribieron el acta respectiva. Entre sus primeros fundadores se menciona a José
Ramón López (principal fundador), Antonio Marín, Severo Gallego, Ramón Paez, Bonifacio
Giraldo y José León, entre otros. El nombre de Filandia se deriva del latín filius y Andes para
traducir «hijo de los Andes». «Hállase situada la población cabecera del
caserío en una altiplanicie - —casi en su parte media— que lleva por nombre «Novilleros»(12).
El día 7 de agosto de 1884, los señores Pablo Emilio Mora y Rafael Marín suscribieron el
acta mediante la cual dieron fundación a Circasia, acta en la cual los acompañó un grupo de
antioqueños, a saber: José Epitacio, Juan de J. y Eliseo Marín, José María,
Javier Jesús María, Marcos Gregorio y Alejandro Arias, entre otros.
Ciento veinte hectáreas fueron marcadas para el asentamiento poblacional de los circasianos, en territorio
circundado por las colinas del Alto del Roble, Filandia, Membrillal y Arrayanal. Rico en vegetales y minerales,
Circasia constituía un cruce de caminos adecuados para los viajeros entre Salento y Zarzal, y el Tolima y
Cartago(13). Estas dos fundaciones anteceden a las de Calarcá y Armenia. |
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(1) Al hablar de la colonización antioqueña, el escritor Gabriel Poveda Ramos señala que el
interés por el oro, “atavismo heredado de sus ancestros por los antioqueños, tuvo poco que ver en esas
migraciones”. Y añade que en 1892, el viajero Frederick von Schenck decía: ‘Se debe destacar
aquí el hecho de que al sur del cañón del río Arma la minería prácticamente
no aparece, y La agricultura (maíz, azúcar, plátano es la base principal de la economía,
combinada con una escasa ganadería”. Dice Poveda que solamente algunos pobladores se fueron hacia el
Quindío “por la esperanza de encontrar guacas llenas de extraordinaria orfebrería dejadas por los
quimbayas”. Y finaliza: “No fue ya, pues, La minería, el factor esencial del desarrollo en este proceso sino el
café en aquellas regiones”. Gabriel Poveda Ramos, “Minas y mineros de Antioquia”, Departamento Editorial del
Banco de la República, Bogotá l98l.p. 74 Véase también el libro de Marco Palacios; el
prólogo de Antonio García a la segunda edición de su Geografía económica de Caldas”
(1978); y Otto Morales Benítez en sus dos libros, “Testimonio de un Pueblo” y “Cátedra caldense” (1984).
(2) Heliodoro Peña, “Geografía e Historia de la Provincia del Quindío”. Popayán, 1892.
Citado por Parsons, p. 120.
(3) Parsons, op. cit., p. 120
(4) Arango Luís, op.cit., p11.
(5) Arango Luís, op, cit., p. II
(6) Otto Morales Benítez, “Testimonio de un Pueblo”. Antares, Bogotá, 1951. pp. 108-109. En un
ensayo posterior, “Cátedra Caldense”, publicación del Banco Central Hipotecario, Bogotá,
(1984), el escritor hace una distinción muy clara de la colonización. Señala que se
realizó en tres etapas: una de 1755 a 1810; la segunda de 1820 a 1860 y la tercera a partir de 1870. Cada
una de estas etapas “tiene características propias y luchas diversas” p. 40.
(7) Jorge Santos Forero, “Armenia”, Editorial Tipografía Cervantes. Manizales, 1930 p. 89.
(8) Emilio Robledo, op. cit., p. 208.
(9) Cruz Lopera Berrío, “Recopilación de las leyes y disposiciones vigentes sobre tierras
baldías”, Manizales, 1924, (p. 100)
(10) Parsons, op. cit., (p. 148).
(11) Luis Eduardo Campillo, El espíritu de la Constitución de 1886: el Quindío en la
reforma constitucional, Derecho Histórico e Historia del Derecho. “Aldea de Nueva Salento en Estado Soberano
del Cauca”, 1986.
(12) H. Peña, op. cit., p. 55.
(13) H. Peña, op. cit., p. 86. |