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Por: Jaime Lopera Gutiérrez (jjlope@telesat.com.co)
Por muchos años la tribu de los pijaos y
otras reparticiones indígenas obstaculizaron la circulación de los españoles por el llamado
páramo del Quindío. Cuando los aborígenes de la provincia quimbaya, y otras subtribus, se
eclipsaron como tributarios, la zona se constituyó en el paso obligado entre Santa Fe y Popayán (el
camino de Guanacas, entre La Plata y Popayán también era utilizado para quienes se desplazaban
más hacia el sur). Posteriormente esta importante vía quindiana llegaría a nombrarse como Camino
Real, y luego Camino Nacional, denominación que recibió de parte de los patriotas después de la
victoriosa revolución de 1810.
La necesidad de conectar al occidente con el centro administrativo de la Corona en Ibagué, movió el
interés de los peninsulares para mejorar las condiciones de la vía. Por otra parte, el paso por el
páramo fue solicitado por los oficiales reales de Popayán que «se lamentaban de las dificultades
y peligros que implicaba el camino al través de Neiva y del camino de Guanacas, y solicitaron la apertura de
la vía del Quindío y Cartago que, aunque más larga, sería menos peligrosa»(1). No
obstante haberse emitido por la Corona disposiciones para estimular las empresas de apertura de caminos, las malas
condiciones de la región, su espesa vegetación, la humedad, la estorbosa topografía y, muy
especialmente, su exigua población, todo ello disuadió a los terratenientes de emprender la
construcción de la vía.
En cierto modo, la creación de la colonia penal de Boquía como un avance en el proceso colonizador
fue una decisión gubernamental. De Boquía a Barcinales y de allí a Salento, hubo funcionarios
oficiales e influencias políticas. Designaron «un notario, un maestro, un secretario de pobladores;
(incluso) un agrimensor —nombrado por el Cauca— para la distribución de los lotes urbanos, dos policías
y un cura. Hubo también interferencia ‘alto nivel' en la distribución de las hectáreas
baldías y, por tanto, utilización de los cargos y nexos de la actividad política como medios
para lograr ventajas económicas sobre el resto de la población; es el caso del abogado
cartagueño doctor Ramón Elías Palau.»(2)
El proceso migratorio de Salento tenía como propósito ampliar la frontera agrícola y
desarrollar el sistema vial del país que se aseguraba mediante el poblamiento. En otros casos de asentamientos
(movilizaciones espontáneas, por ejemplo) la acción del Estado sólo de cristalizaba con
posterioridad al asentamiento cada vez que «sus moradores a través de la Junta Pobladora solicitaban la
legalización de los baldíos, o se les nombraba un alcalde o corregidor.»(3)
En términos generales, el proceso de colonización fue un movimiento poblacional dirigido: algunos
contaron con el apoyo del Estado y su desplazamiento fue dirigido; en otros casos, las condiciones de pobreza
determinaron una movilización más espontánea. Una muy antigua muestra de colonización
dirigida se encuentra, por ejemplo, en la instrucción del Virrey Messía de la Zerda quien, el 8 de
marzo de 1765, «convocó a los ciudadanos de Cali, Buga, Cartago y Anserma para que concurra (sic) en la
apertura del Quindío (1 de noviembre de 1766, Cartago) ofreciéndoles como estímulos
amnistía de tributos extendida a sus hijos y descendientes y los que quieran poblarse en aquellas
montañas, además de tierra se les dará toro y una vaca».
Muchos años después, la necesidad de los caminos impulsó la creación de medidas
similares como las de la ley 31 de 1823 en la cual se establecieron reglas para «acceder a los privilegios de
quienes participaran en la apertura o composición de un camino o canal, etc.». Mas tarde, el 25 de enero
de 1830, Simón Bolívar, quien había trasegado la vía del Quindío —como que
pernoctó en Boquía el 5 del mismo mes y año—, al llegar a Santa Fe expidió un decreto por
el cual ordenó oficialmente la «apertura de un camino de herradura en el paso de los Andes, denominado
Quindío, desde la ciudad de Cartago hasta Ibagué». Años más tarde se expidió
la ley 26 de 1835 que ordenó la reforma del mismo camino a cambio de 25 mil hectáreas que se le
darían a los contratistas, Entre una y otra fecha (la orden del Virrey y la del Libertador) habían
transcurrido sesenta y cinco años.
Entre otros muchos, por ese camino transitaron hacia Bogotá y Popayán, y viceversa,
científicos, militares y visitantes extranjeros tales como José Celestino Mutis (1783,
Expedición Botánica), el sabio Francisco José de Caldas, Alejandro von Humboldt (1801), Juan
Bautista Boussingault (1829, Ernst Rothlisberger (1884), y demás miembros de las tropas patriotas y realistas.
Con el tiempo este camino y sus alrededores se constituyó en un rico filón de investigaciones
botánicas y geológicas de toda índole (4). (5) (6)
Al decidir el gobierno la creación de tres
presidios (uno en Mariquita, otro en Cartagena y un tercero en el Estado del Cauca), la administración de
Pedro Alcántara Herrán (1842) ordenó que los presos de Antioquia, Cauca y Panamá —que
hubieran cumplido la mitad del tiempo de su condena— fueran destinados a trabajar en el mejoramiento y
conservación del Camino del Quindío, ofreciéndoles como estímulo la rebaja de penas.
Iniciados en 1843 los trabajos de recuperación entre El Roble y Pereira, los inspectores de entonces
informaron que «en el trayecto entre Cartago e Ibagué no había una sola casa para hospedaje para
los que atravesaban las extensas y solitarias selvas. Entonces dio orden al señor doctor Juan José
Hoyos, entonces gobernador de la provincia del Cauca, para que se construyese una casa en Boquía como lugar
de depósito y escala de viaje.» (7)
La promoción gubernamental para la apertura del Camino, y los ofrecimientos creados por un decreto de mayo
27 de 1842 (cuyo articulo cuarto estipulaba «a cada uno de los demás individuos que quieran establecerse
en las montañas del Quindío, podrá el poder ejecutivo conceder 20 fanegadas de tierras
baldías, con la precisa condición de establecer en ellas casa y labranza»), así como las
demás normas favorables, estimularon a varios sectores de colonos para vincularse a esa empresa. Con el tiempo
se consolidaría el asentamiento bautizado con el nombre de Boquía con trabajadores procedentes de
diversas regiones.
Esta situación nos permite hablar del variado origen de los emigrantes a Salento, el cual aparece
comprobado en la investigación «Proceso de poblamiento de Salento», en cuyo texto se lee:
«Al revisarse el archivo eclesiástico de Salento, de los años comprendidos entre 1842-1870 (y)
dado que muchos sacerdotes tenían la sana costumbre de anotar el origen de sus habitantes, estos tenían
efectivamente disímiles orígenes». Por ejemplo, en el libro correspondiente a los matrimonios de
1850, el texto señala: «En la parroquia de la Aldea de Boquía, a los cuatro días del mes
de febrero de 1850, contrajeron matrimonio Crisanto Fernández, venido de Pasto, con Tomasa Velásquez,
venida de esta.» (8)
Una cédula real de 1549 había impuesto la obligación, a las ciudades que se fundaran en la
Nueva Granada , de abrir caminos adecuados para el tránsito de las caballerías. Ese fue el primer papel
protagónico del capitán López de Galarza, fundador de Ibagué, quien anuncia el inicio de
esta ruta hacia Cartago entre 1553 y 1554. Mucho antes de la orden de construcción del Virrey Messía de
la Zerda ya reseñada, en 1765, ya había sido fundada Ibagué en 1551 (214 años antes) como
un lazo de unión entre Popayán y Santa Fe.
Desde mucho tiempo atrás, los nombres de este Camino y de la cordillera que lo circunda, se reconocen de
muchas maneras diversas,
El conocido libro geográfico de Vergara y Velasco (9) trae, por ejemplo, algunas referencias sobre
científicos y viajeros que visitaron la región limítrofe entre el Quindío y el Tolima de
hoy. Entre 1790 y 1810, el sabio Caldas describe que la altimetría del Páramo del Quindío es de
3.360 metros sobre el nivel del mar; Humboldt, entre 1799 y 1804, afirma que el Paso del Quindío tiene 3.504
metros ; el ingeniero Agustín Codazzi habla de la Cordillera del Quindío con 3.485 metros; el
geógrafo alemán C. Faulhaber, 1878-1890, denomina el sitio como Los Andes del Quindío; y
finalmente, el propio Vergara y Velasco dice que existen tres cordilleras en Colombia: la occidental del
Chocó, la oriental de Sumapaz y la Central del Quindío que «principia en los 8º grados de
latitud Norte, no muy lejos de El Banco...» (10)
En este mismo texto hallamos una curiosa denominación de este geógrafo colombiano quien, al hablar
de Peñas Blancas, dice: «Tras la depresión de Calarcá aparecen las apretadas peñas
de Barragán, ruinas de un extenso macizo coronado por solitario pico llamado por eso el ojo de Santa Catalina,
mojón de la línea más corta de Bogotá al mar» (11) (Subrayados son nuestros).
Con todas estas vicisitudes (presidio, obsequio de tierras, fuente de asentamientos), el Camino del Quindío
es pues una articulación en el proceso colonizador, entre el oriente y el occidente, entre la sabana
santafereña y el océano Pacífico, entre el río Magdalena y Cartago. |
(1) Juan Friede, et al. Historia de Pereira. Bogotá, 1963.
(2) Carlos Miguel Ortiz , Fundadores y negociantes en la colonización del Quindío. Revista Lecturas
Económicas, Universidad de Antioquia, Medellín, enero-abril de 1984, p. 114
(3) Hernando Muñoz y 3 otros. Proceso de poblamiento de Salento. Cfr. Congreso Nacional de Historia de la
Universidad del Quindío, julio, 1985.
(4) Ernest Rothlisbeger, El Dorado. Estampas de viaje y culturas de la Colombia suramericana. Banco de la
República. Bogotá , 1963, pps. 347-348.
(5) Alejandro de Humboldt (1802). Citado en Viajeros Extranjeros en Colombia. Siglo XIX. Carvajal y Cia., Cali,
1970 (págs. 21 a 27)
(6) J.B. Boussingault, Memorias. Colección Bibliográfica, Banco de la República , 1985. Tomo
IV pps. 74 y 75.
(7) H. Peña, Geografía e historia de la Provincia del Quindío. Popayán, 1892.
También citado por Parsons, pag. 120.
(8) Citado por Hernando Muñoz y otros; Proceso de poblamiento de Salento. Op.cit.,
(9) F.J. Vergara y Velasco. Nueva Geografía de Colombia. Archivo de la Economía Nacional, Banco de
la República, Bogotá, 1901.
(10) F.J. Vergara y Velasco, op. cit., pag. 165
(11) F.J. Vergara y Velasco, op. cit., pag. 165 |