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APUNTES SOBRE ÁLVARO JAIME OSPINA RAMÍREZ

Libaniel MarulandaPor Libaniel Marulanda.
libaniel@gmail.com

Hace algunos días, uno de los organizadores de este décimo encuentro, que ya se ganó el derecho a repartir el ponqué de la posteridad, tuvo la desacertada idea de encomendarme unas palabras para ser leídas en el homenaje que estamos haciéndole a un personaje en quien confluyen todos los afectos de este pueblo que tres o cuatro amigos llamamos "la Villa de Vidales", para darle un reposo al manoseado Cacique Calarcá.

Pasaron los días, me ausenté de nuestro pueblo y al volver a la plaza tuve que enfrentarme a la realidad de una promesa a punto de incumplir: esta, de decir algunas palabras sobre Álvaro Jaime. Y si bien es cierto que para el mamón no hay ley, también es cierto que los malos literatos nunca deben sacarle el cuerpo a la posibilidad de salir por dos minutos de las sombras de su anónima e infértil vida.

Haciéndole pistola a la voz de mi conciencia que me ha gritado esta tarde que no debí venir a este acto, y refugiarme en la última dolencia septuagenaria que me asiste, comienzo por reiterar, ante el causante de este homenaje, el cariño colectivo de una sociedad que no quiere o no puede dejar atrás su ruralidad y su obsesivo apego a lo que alguna vez fue: una pequeña ciudad donde la cultura brillaba casi tanto como las estatuas de la plaza que un descocado concejal mandó a pintar de dorado hace dos o tres años.

Álvaro Jaime Ospina, sepa y entienda que usted ha hecho por Calarcá mucho, muchísimo más de lo que han intentado realizar los intelectuales, intelectualitos, diletantes, políticos, politiqueros, lagartos, poetas de club social y alzafuelles en toda la historia. Y algo más: creo que usted fue el primer calarqueño en descubrir ese algo que hoy gobierna el planeta: las redes sociales y su uso. En su caso particular, el buen uso de los medios electrónicos.

El Encuentro Nacional de Escritores, hoy, así como hace diez años, le debe a usted el reconocimiento de su identidad nacional como colectivo de cultura.

Calarcá, los calarqueños, y todo lo que se hace en su mundillo cultural se conoce en el aquí y allá del mundo, en cada ciudad o cualquier sitio donde viva, sufra o se rebusque la existencia un nativo de nuestra amada villa.

De todo cuanto ha hecho usted y su calarca.net, quiero resaltar una actitud ética y ejemplar: nunca ciudadano alguno ha visto ni verá a Álvaro Jaime Ospina tirando de la manga o extendiéndole la mano a los ordenadores del gasto público, pidiendo un aviso publicitario o vistiendo el atuendo de fundación ante los entes estatales.

Dicho de otra manera, es usted Álvaro Jaime, pese a sus 82 enfermedades, achaques y muertes anunciadas, el mejor ejemplo de dignidad profesional, decencia y ética que ha tenido y tiene este pueblo. Por eso estamos aquí quienes lo queremos y lo necesitamos para seguirlo queriendo todavía más, como lo merecen los amigos como usted.

Calarcá, 4 de septiembre del 2017