Un afamado escritor quindiano (autor de la novela "Mi Vestido
Verde Esmeralda" y del ensayo premiado en Chile, "Andrés Bello: crítico"),
se suma así -escribiendo directamente a la Corona española y desde Nueva
York-, a esta causa por el retorno al país del Tesoro de los Quimbayas.
Nueva York, 27 de octubre de 2009
Su Alteza Doña Letizia
Palacio de la Zarzuela
Madrid,
España
Estimada Doña Letizia,
Cuando le preguntaron al Phillipe De Motebello, ex director del Museo Metropolitano de Nueva
York (MET) por qué había devuelto varias obras de arte al gobierno italiano,
entre ellas, un famoso recipiente griego, el historiador de arte respondió:
"Durante estos últimos veinte años las políticas con relación a la colección
de objetos han cambiando en todos los museos del mundo…Podría considerarse como un gesto de
responsabilidad y a la vez de generosidad que debe servir como ejemplo a otras instituciones
del mundo. Los italianos realizaron una campaña para lograr la devolución de estos objetos
utilizando el argumento de que era parte de su identidad nacional y acusaron a los Estados
Unidos de ser una potencia invasora y usurpadora de los tesoros de otras culturas".
El 21 de febrero de 2006, en un acto sin precedentes en la historia de los museos del mundo
occidental, el director del MET firmó por primera vez un acuerdo con el Ministerio de Cultura
italiano para devolver 16 piezas de plata del período helénico, y entre ellas se destaca un
recipiente de 2.500 años de antigüedad de Euxitenos y pintado por Euphronios. Como muestra
de gratitud el gobierno italiano le permitió al MET exponerlo hasta enero de 2008.
Sin duda, Phillipe De Montebello (París, 1936), quien estuvo a cargo de unos de los museos
más importantes del mundo desde 1963 hasta 2008, hizo parte de su agenda la devolución de
obras robadas y entregó a los italianos piezas que estuvieron en el museo por más de treinta
años. No fue en vano que parte de su extraordinaria labor como director fue reconocida en
2008 cuando una exposición titulada "Los años de Phillipe de Montebello: curadores celebran
tres décadas de adquisiciones", que recogió una selección de las 84 mil obras adquiridas durante
su administración.
Entre las piezas seleccionadas se encontraban dos precolombinos colombianos. La primera
era una pieza bella de oro de 22,9 centímetros. Se trata de un hombre, posiblemente un guerrero,
que en algún momento llevaba una lanza, aretes, nariguera y otras decoraciones. Pertenece
a una serie de objetos precolombinos hallados en el noreste de Suramérica, en Tumaco y Tolita
Ecuador (siglo I aC-siglo 1dC). La segunda pieza es un adorno en forma de pájaro de la cultura
muisca (siglos X-XVdC). Estas piezas precolombinas así como las que se exhiben en la colección
permanente del MET, en la sección de las Américas fueron donaciones particulares. Sin embargo,
la manera en que llegaron a manos de sus coleccionistas privados todavía no queda muy claro.
Muchas de estas piezas posteriormente fueron obsequiadas a museos e instituciones como el Smithsonian
en Washington, el de Historia Natural y el MET en Nueva York, entre otros. Por suerte, están en el
inventario y existen documentos, en su mayoría, que acreditan su procedencia legal.
Sin embargo, el Tesoro Quimbaya, que se encuentra en el Museo de América, Madrid España,
y que cuenta con una colección de 122 piezas de orfebrería de alta calidad, continúa bajo
la propiedad ilegal del gobierno español. Como muchas historias malditas de tesoros, parte
el patrimonio nacional de Colombia terminó en las vitrinas de los museos y universidades europeas,
y en particular en Madrid. De cómo llegó el Tesoro Quimbaya allí se sabe, ya que el Presidente
colombiano Carlos Holguín se lo obsequió en 1892 a la reina regente de España, María Cristina
de Habsburgo. Fue un regalo espléndido a cambio de la intervención de la reina en el conflicto
de demarcación de fronteras entre Colombia y Venezuela. El Presidente Holguín quedó muy bien,
como todo un rey, y los colombianos sólo vieron un chispero o mejor dicho el resplandor de
las guacas que alumbraban en la Semana Santa, pero esta vez desde el otro lado del océano.
El Tesoro Quimbaya fue hallado en 1890 en el Departamento del Quindío, Colombia concretamente
entre los actuales municipios de Filandia y Quimbaya. La Soledad como fueron llamadas las
dos tumbas que contenían el ajuar funerario y los objetos de oro del cacique con los cuales
fue enterrado, es una rica muestra de alta técnica en orfebrería. El historiador Jaime Lopera
afirma que "son piezas de inestimable variedad funcional y estilística". Entre las piezas
del tesoro se encuentran narigueras, orejeras, collares, pulseras, cinturones y poporos.
Durante los tres últimos años la Academia de Historia del Quindío ha desarrollado una infatigable
labor para recuperar el Tesoro Quimbaya. Con el apoyo de las distintas academias del país,
historiadores, expertos, guaqueros de profesión y convicción, y periodistas el Dr. Lopera
ha solicitado a través de organismos oficiales como la UNESCO la devolución de un bien cultural,
como son las piezas precolombinas del Tesoro Quimbaya. De hecho existen bases jurídicas, respaldadas
por acuerdos internacionales para continuar con el trámite de petición.
Por lo tanto no me puedo callar y dejar de unirme a miles de voces de ciudadanos que vivimos
en el exterior. No represento a ningún gobierno en particular ni tampoco tengo la investidura
de un cargo oficial que me impida expresar mi apoyo absoluto e incondicional para lograr tal
objetivo. Por más de dos décadas he vivido en Nueva York y desde este laboratorio de ideas
he tenido la oportunidad de ver las exposiciones más representativas de distintas culturas
y épocas históricas. Además, en mi calidad de escritor, coleccionista e investigador de la
cultura y la lengua he tenido la fortuna de visitar algunos de los museos y bibliotecas del
mundo que albergan colecciones invaluables por la calidad y particularidad de sus obras. Es
por ello y otras razones que entiendo la necesidad de reclamar y afianzarse en el arte como
un acto de libertad.
UN POCO DE HISTORIA DE RECLAMOS
Cabe recordar que La Inmaculada Concepción del pintor sevillano Bartolomé Esteban Murillo
(1618-1682), conocida como la Inmaculada de Soult fue robada y sacada de España por el general
Nicolás Jean De Dieu Soult, Duque de Dalmacia, jefe del Segundo Cuerpo del Ejército de Napoleón
Bonaparte. Este cuadro, que estaba en Los Venerables de Sevilla y fue comisionado por Justino
de Neve, fue parte del botín de los soldados franceses, así como muchas otras pinturas expoliadas
durante la Guerra de Independencia. Los altos mandos franceses ordenaron el saqueo de obras
en conventos e iglesias, especialmente de Andalucía. La Inmaculada fue a parar al Louvre y
sólo hasta 1941 fue devuelta al Museo del Prado en Madrid.
Además es necesario señalar el caso de José Bonaparte. En 1813, y después de la derrota
de las tropas francesas en Victoria, el reinado de José I llegó a su fin. Waterloo selló la
desaparición del imperio napoleónico y los bonapartes perdieron sus derechos nobiliarios.
José Bonaparte huyó hacia los Estados Unidos y se estableció en las cercanías de Bordertown,
en New Jersey a pocos kilómetros de Filadelfia, en una hacienda llamada Port Breeze. Allí
mandó a construir un palacio con salones y jardines de estilo francés. En su equipaje traía
una gran colección de obras, entre ellas, de Velázquez, Murillo, da Vinci y Rubens. Entre
1832 y 1835 parte de la colección fue subastada en Londres. Jamás se cuestionó la procedencia
y legitimidad de la colección josefina. Las obras están hoy en las galerías y museos en Nueva
York, Londres, París y Roma.
A los judíos sobrevivientes del holocausto tuvieron que compensarlos y devolverles muchas
de las obras que les robaron los nazis en la Segunda Guerra Mundial. En 2003 durante los escalofriantes
bombardeos a Bagdad, conocida como la "Ciudad de la Paz", y que fueron transmitidos en vivo
por televisión para derrocar a Husein, una de las colecciones de arte de Mesopotamia y considerada
de las más antiguas de la Humanidad sufrió pérdidas irreparables. Sin embargo, gracias a los
esfuerzos de los curadores y de los ciudadanos que escondieron muchas obras en sus casas,
hasta debajo de las alfombras milenarias para adorar a Alá, numerosas obras se salvaron. En
gran parte se debió a que, después de que las fuerzas de la coalición impusieron un gobierno
civil y se logró cierta estabilidad en Ias calles de la ciudad fundada en las riberas del
Tigris en 762, muchos iraquíes devolvieron las obras. Aquella que había sido alguna vez la
perla de mundo musulmán, en donde convivieron los zoroástricos, cristianos y judíos, y la
aristocracia reinante impuso su grandiosidad económica y cultural propia de una urbe, estaba
una vez más en escombros. Sin embargo, los civiles hicieron cola frente a las puertas del
Museo de Bagdad porque, entre otras cosas, uno de los pocos aspectos que los unían era un
pasado común y así lo testimoniaban sus obras de arte.
No es ni mucho menos descabellado exigir la devolución de parte del patrimonio nacional
colombiano que está en manos de los españoles. A los gringos siempre los acusan de usar su
poder militar para imponer una ideología. El impero español nos dejó como herencia, para bien
o para mal, nuestra lengua y cultura. Pues me alegraría mucho que de igual manera los mismos
descendientes de los españoles, encargados de promover políticas culturales en España y comprometidos
con extender puentes que acerquen las Américas y el país ibérico, imitaran un aspecto positivo
de los gringos, es decir, el ejemplo que dio al mundo, por ejemplo, el Museo Metropolitano
de Nueva York, a través de Phillipe De Montebello, y el Museo Getty en San Francisco al devolver
varias obras de arte a sus respectivos dueños.
El Tesoro Quimbaya debe ser devuelto a Colombia y en particular al Museo Quimbaya de Armenia
Quindío, Colombia como parte de la colección permanente del Banco de la República.
Dr. Alister Ramírez-Márquez
Escritor
Profesor de español y literatura de The City University of New York
Miembro colaborador de la Academia Norteamericana de la Lengua Española |