Por Jota Domínguez Giraldo.
(jotajotadominguez@gmail.com)
"Pacta sunt servanda"
Un problema, con mayúsculas, se ha vuelto para Colombia en los últimos meses la
política internacional. Es muy grave para el país, la forma como nos están mirando
desde el extranjero. Es preciso recordar que nuestro país ha suscrito tratados internacionales,
la mayoría de ellos multilaterales, en los que se ha comprometido a respetar y a hacer respetar
los derechos humanos. Es probable que los colombianos no tengamos mucha conciencia de los derechos
humanos, porque su violación ha sido tan grande y grave, que entre nosotros ya hace parte de lo
común. Pero el resto de países del mundo no lo ve así y le da un valor tan grande a
los derechos humanos, que empieza a preocuparles nuestra situación. No se trata entonces que sea
la izquierda, o la derecha, o los guerrilleros o las organizaciones no gubernamentales las que le hacen
daño a este país con sus informaciones en otros lados de la tierra. Los mismos funcionarios
estatales cuentan en entrevistas en Europa que serán muchos más los políticos
colombianos quienes deberán declarar y ser juzgados y castigados por la parapolítica.
Precisamente a los parapolíticos se les vincula con los paramilitares y a los paramilitares se
les asocia inmediatamente como violadores de derechos humanos.
Pero no se trata aquí de prejuzgar la conducta de la derecha o la izquierda, de los
paramilitares o de la guerrilla. A los organismos internacionales, a las entidades internacionales, a
los habitantes del resto de países del mundo, les preocupa nada más y nada menos que el
Estado colombiano haga poco o casi nada para castigar a quienes infringen los derechos humanos. Y
así, con esa óptica, primero de violadores y segundo de permisivos, es que en este momento,
los ojos de miles de millones del mundo nos miran, pensando que a las autoridades colombianas lo que
más falta les hace es autoridad.
Los tratados internacionales aprobados por el Congreso, ratificados por el presidente y examinados
por la Corte Constitucional, deben cumplir el principio internacional del "pacta sunt servanda", es
decir, los pactos son para cumplirlos y si este principio del derecho internacional no se cumple ni se
respeta, Colombia entra en la lista de violador no solamente de los derechos humanos sino también
de violador de pactos y de principios. Tamaña responsabilidad ante la humanidad tiene el
país y grande es el compromiso presidencial para demostrar que esa mala imagen, es producto de
una campaña difamatoria. Pero si aquí violan los derechos humanos, si asesinan a la
población civil y si incumplen los tratados, no es difamatoria. Por eso, al lamentar que en los
otros países del mundo nos vean como asesinos, lo mejor que le puede suceder al país es
emprender una campaña y muy grande, para que al interior del país se respeten los derechos
humanos, todos consagrados en la Constitución Política de Colombia.
Los artículos 22, 67, 93, 94 y 95 de nuestra carta política, hacen una férrea
defensa de los derechos humanos. Sin embargo, pese a que constitucionalmente es un mandato, no se cumple
con esa orden. No habrá entonces tranquilidad nacional mientras exista intranquilidad
internacional. Y no tenemos que culpar más a quienes viajan al extranjero a denunciar estas
situaciones. No hay que hacer muchos esfuerzos para entender que también han sido las declaraciones
de los funcionarios gubernamentales, las que han avivado la antipatía por lo que está
sucediendo en este país. Creo que va siendo hora que el gobierno nacional, tan amigo de
contestar todo lo que no le conviene, vaya aceptando de una vez por todas, que los pactos y tratados
internacionales deben acatarse y deben respetarse. Por eso su lucha debe ser para que se cumplan. Cuando
se cumplan, podrán contestar, contestar y contestar. |