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JOSÉ NODIER

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SIN CENSURA

José Nodier Solórzano CastañoPor José Nodier Solórzano Castaño.
josenodiersolorzano@hotmail.com

Se extralimitó la Secretaría de Cultura al vetar la obra del artista Jorge Gustavo Valencia

Cada vez que el Estado entra en la escena del arte para evaluarlo o para definir qué se crea o se exhibe, pierde la cultura. Cuando los comunistas llegaron al poder, en la Rusia de Chéjov y Tolstoi, instauraron el concepto del realismo socialista que, excepto la poesía de Maiakovsky, solo produjo bodrios estéticos. El arte testimonial del Estado, con sus retóricas formales y moralistas, es una insípida evidencia del discurso oficial.

En Colombia, cada cierto tiempo, los funcionarios públicos o los adalides de la moral se gradúan de estetas, de especialistas, como si el poder o el uso desproporcionado del poder les diera el conocimiento suficiente para definir qué es arte o cuáles son las sustancias o las fronteras, ya casi derruidas en las edades contemporáneas, de los territorios del erotismo y la pornografía.

Algunos recuerdan que en 1939 en Medellín existía una organización denominada Damas de la liga de la decencia, señoras muy majas, católicas ellas, quienes vetaron la obra de Débora Arango. Y lo hicieron porque esa artista empelotaba sus imágenes y además, mujer atrevida esa, dibujaba campesinos, indígenas y mostraba la hipocresía de una Colombia retrógrada.

Esa exposición de desnudos, como lo recuerda Halim Badawi en la revista Arcadia, en 2014, luego fue retirada del Teatro Colón por orden de Laureano Gómez, en 1940, y vetada en España por el gobierno del General Francisco Franco.

Hace pocos años la artista María Eugenia Trujillo también fue objeto de un intento de censura, liderado por un colectivo de carácter católico, porque a través de una tutela se trataba de impedir la exposición Mujer en Custodia, que era la representación de la vagina femenina en objetos religiosos, a presentarse en el Museo Santa Clara de Bogotá, un espacio público, administrado por el Ministerio de Cultura.

Ahora en el Quindío, con la idónea curaduría de Martha Alicia González y la inquietante administración de la Fundación Arte y Cultura, se hizo una exposición de artistas quindianos, en la que sin mediar criterios estéticos, solo moralistas, la Secretaría de Cultura decidió censurar la obra de Jorge Gustavo Valencia, una serie de seis dibujos, con la excusa de velar por los intereses de los niños, eventuales espectadores de esa exhibición.

En la obra el artista dibujó penes, gestos, actos de la sexualidad gay, haciendo de sus imágenes explícitas una recreación del erotismo de los hombres que se aman o que se gozan el cuerpo lúbrico de su propio género.

¿Quién entregó certificado de curaduría a los funcionarios públicos para juzgar una obra de arte? ¿Por qué irrespetaron a la curadora de esa manera y al artista Valencia? ¿Dónde están los artistas plásticos del Quindío y por qué callan haciéndose aliados de los censuradores? ¿Quién dijo que la Fundación Arte y Cultura es idónea para administrar estos asuntos estéticos? ¿Por qué calla la academia del arte frente a esta arbitrariedad? ¿Cuál es la diferencia desde la estética de un cuerpo femenino y uno masculino en el arte?

Se extralimitó la Secretaria de Cultura al vetar la obra del artista Jorge Gustavo Valencia, y al deconstruir el criterio estético de la curadora en esa exposición.

Va a ser muy difícil configurar una sociedad tolerante y respetuosa de la diferencia, si admitimos que el prejuicio y el poder juzguen las compulsiones creadoras de nuestros artistas.

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