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PROSA, REVISTA LITERARIA

José Nodier Solórzano CastañoPor José Nodier Solórzano Castaño.
josenodiersolorzano@hotmail.com

En el Quindío el valor de la palabra limpia –entrañable– necesita reelaboración

Para algunos, interesados en la preservación del statu quo, el departamento del Quindío es un paraíso. Ríos de miel corren debajo de nuestros puentes, y quienes pensamos distinto solo somos resentidos del sistema. Dicen ellos, y otros despistados, que bajo este cielo la búsqueda de la felicidad es posible como vivimos hoy.

No. Tapamos la basura con la alfombra del paisaje y del turismo. Ignoramos, de manera consciente, que millares de ciudadanos no comen o no comen bien, que los niños tienen una deficiente educación pública -quienes la tienen- y que los jóvenes y adultos no encuentran academia o trabajo. No hay, para muchos, ilusiones posibles en esta tierra.

En los años ochenta algunos noveles escritores nos encontramos en las páginas de la revista literaria Termita, fundada por Álvaro Nieto en la Universidad del Quindío. Cuando él fue asesinado, esa publicación cayó en el silencio. Años después, insistió en editarla Carlos Alberto Villegas Uribe, escritor y gestor de muchos logros en el Quindío.

Cada vez que nos encontrábamos, hablábamos de fundar revistas literarias. Umberto Senegal, por ejemplo, nos convocó a trabajar por la revista Kanora, un hito cultural de la época, toda vez que él la remitía a regiones apartadas de Colombia y a muchos países. Era un hilo de Ariadna que se enlazaba con el universo, que nos traía nuevas publicaciones y la visita de decenas de escritores que se asombraban con la revista de Umberto.

Umberto hizo visible, por su insaciable curiosidad, nuevas formas de escritura para los quindianos, a través de su revista. Luego lo harían con Sonorilo Carlos Alberto Castrillón y Juan Aurelio García, quienes también nos conectaron con el arte y la cultura de otros ámbitos.

Las revistas culturales y literarias son, casi siempre, un refugio de escritores en formación y de maneras de ver el mundo desde la periferia, desde lugares de la sociedad donde la imaginación y la crítica son necesarias, previsibles, porque se estimulan y se convocan con el objeto de pensar otras realidades. La urticaria causada por el entusiasmo fabulador o crítico hace parte del presupuesto de ese viaje de sueños.

Ahora, Juan Carlos Murcia, Carolina Gutiérrez, Sara Uribe Cortés, Gustavo Cardona Mora, Sofía García Arcila, Andrés Felipe Cadavid y un grupo de muchachas y jóvenes, recorren nuevos caminos con Prosa, una publicación nacida en la librería Pensamiento Escrito de Armenia.

En Prosa se vislumbra ese enorme talento de quienes desean escribir otra historia en el Quindío. Una menos complaciente con el dolor atávico, y que relate desde la sinceridad de la palabra la esencia de qué somos o fingimos ser.

En Prosa, por ejemplo, se evidencia que el proyecto educativo del Colegio Campestre tiene un resultado tangible en la forma como escribe Sara Uribe, o que existe una necesidad expresiva en decenas, millares de jóvenes del Quindío.

La palabra nos remide, nos restaura cuando hacemos coherente el sonido con sus formas y la vida misma. Cuando ella no encubre nada o si lo hace es porque inventa nuevos mundos y nos los trae, perturbadores, crueles o esperanzados, ante nuestros ojos.

En el Quindío el valor de la palabra limpia -entrañable- necesita reelaboración. Y en Prosa, esa iniciativa literaria que nos entusiasma, la frase ingeniosa y bien hecha desde ya recorre el viaje azaroso de la vida útil y bella.

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