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JOSÉ NODIER

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PRIMERO LA UNIVERSIDAD

José Nodier Solórzano CastañoPor José Nodier Solórzano Castaño.
josenodiersolorzano@hotmail.com

La Universidad ha dado un salto cualitativo en el siglo veintiuno

Hablar de la Universidad del Quindío es como mirar en el espejo de los quindianos. Nació como respuesta a la violencia que campeaba en esta región en los años sesentas. Fue, en ese momento de nuestro camino, el resurgir de la vida y del conocimiento, respuestas certeras a la oscuridad que nos traía, empacada en tradición y vacío, la época.

Hombres como Euclides Jaramillo Arango y Alirio Gallego, entre otros, entendieron en esa caverna decimonónica que era el Quindío, extraviado en reyertas y venganzas, que solo la educación nos podía redimir. Ambos, además de dejarnos un legado literario, entendieron su tiempo, y lo intervinieron con la creación de la Universidad.

La Universidad del Quindío, de alguna manera, representa lo que somos, y no está alejada de la idea de un modelo de desarrollo que hace agua en el país. Si hablamos de corrupción, la Universidad la vivió cuando los políticos, de forma directa, administraban el claustro. Si mencionamos el clientelismo, ella respondía sumisa a la voracidad de unos jefes de partido que se la disputaban, al igual que la Corporación Regional del Quindío. La Universidad era el mismo nido de un frente nacional que, por sus prácticas de disección burocrática, intervenía el cuerpo indefenso de un país que poco se pensaba a sí mismo.

Muchos procesos han cambiado para bien en la Universidad. Se ha dado para sí, y esa endogamia la protege, normas y estatutos que la distancian en buena parte de los partidos y movimientos políticos, pero que aún no le dan entera su autonomía. El hecho de que la sociedad oficial, significada en el gobierno nacional y en el departamental, tenga representación en su Consejo Superior aún la enlaza con realidades electorales que la inficionan. Lo vivimos con la pasada gobernadora, la señora Sandra Paola Hurtado, quien puso contra las cuerdas a las directivas de la Universidad.

La Universidad ha dado un salto cualitativo en el siglo veintiuno, con su certificación de alta calidad, que merece ser relievado por todos. Desde hacía muchos años, a pesar de algunas divisiones internas, la institución no se ponía una meta tan ambiciosa y útil como proyecto común para la comunidad universitaria. Y lo logró: es un acierto enorme e histórico de las actuales directivas, de su rector José Fernando Echeverry Murillo, del Gobernador –quien ha respetado la independencia– y de sus funcionarios todos, como también de su cuerpo docente.

No es fácil administrar una Universidad pública, cuando el gobierno nacional exige pero no da lo suficiente, y cuando entrega buena parte de los recursos a la universidad privada a través de programas dudosos como Ser Pilo Paga, por ejemplo.

Si bien algunos creemos, como yo, que la Universidad del Quindío amerita un replanteamiento en su núcleo humanístico, y que la ética y la estética sean prioridad en una estructura universitaria y académica que no lo privilegia, el logro alcanzado facilitará las cargas en el camino.

Digo de la ética, porque nuestros egresados deben tener esa marca distintiva en su carácter educativo; y en lo estético porque se hace necesario que la Universidad solucione los problemas de fondo de su programa de artes visuales, y porque se requiere que avance hacia la configuración de otros programas de pregrado en el campo cultural, como la música, la danza y el teatro.

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