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JOSÉ NODIER

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MISIÓN IMPOSIBLE...

José Nodier Solórzano CastañoPor José Nodier Solórzano Castaño.
josenodiersolorzano@hotmail.com

Hablo de personas como Alberto Montoya Fayad, Eduardo Mejía Mejía, la líder feminista Sandra Castañeda o el mismo educador Álvaro Arias Velásquez

En Colombia el poder ciudadano se expresa poco y mal, aunque brotes de conciencia colectiva, excepcionales, han aparecido en la historia moderna. Se recuerda en febrero de 1948 la marcha del silencio de Jorge Eliécer Gaitán, que si bien tuvo un núcleo liberal, manifestó la desazón de un pueblo que veía cómo desde 1936 la violencia arreciaba en las veredas.

El Frente Nacional, con cerramiento de púas al libre albedrio, edificó unos partidos de férreas estructuras clientelares y desdibujó la construcción de una ciudadanía fundamentada en argumentos y no en el abismo de la lucha armada o de la mansa asimilación por el sistema del pensamiento divergente. Sistema oficial que destruyó en parte el ideal del análisis crítico de la realidad, y lo domesticó en la endogamia de unas familias dominantes y unas camarillas de privilegios.

La constitución de 1991 fue gestada desde la séptima papeleta, que fue un movimiento disruptivo que nació en los estudiantes.

Digo lo anterior porque si bien en Colombia, cada cierto tiempo, brotan en el camino estos movimientos –Colombia soy yo, No más Farc el 4 de febrero de 2008 o su contraparte Marcha por las víctimas, el 6 de marzo de 2008, o la misma Ola Verde Mockus– seguimos estancados en el florecimiento de movimientos ciudadanos, verdaderos, que enfrenten la viciosa estructura política que nos domina.

El hecho de que en el Quindío el movimiento Misión Posible, que fue un híbrido partidista y, a la vez, el grito herido de una ciudadanía indignada, no construya por sí mismo una plataforma de reivindicaciones, más allá de la lucha contra la corrupción en el ámbito moral, podría configurar una frustración más, porque la batalla contra la subcultura de la ilegalidad debería darse no solo desde la gobernación sino también desde las calles, colegios, universidades, peluquerías, medios de comunicación comunitarios, desde las redes sociales, en fin.

No pueden pensar en Misión posible, que la tarea se agota en una agotadora jornada laboral desde el edificio de la plaza de Bolívar de Armenia. Muchos ciudadanos esperarían que se diseñe un movimiento más amplio, que se convoque a otros sectores más allá de los representados en el gobierno, y que tareas como defender el territorio frente a la megaminería, la educación pública de calidad, los derechos de niños y mujeres, y tantos otros dolores ciudadanos busquen cura desde la sublevación ciudadana.

No puede ser la contradicción contra los fucsia, en solitario, el argumento para convocar a la ciudadanía. Nuestros niños y jóvenes, en mucho intoxicados por las drogas o por la desilusión más rampante, requieren de un movimiento suprapartidista, que proponga al Quindío un modelo de desarrollo alternativo.

Es evidente que en el Quindío existen personajes de realizaciones colectivas e individuales que podrían encabezar con éxito, en el campo electoral, la sostenibilidad de un proyecto renovador que no puede agotarse en el cuatrienio de un plan de desarrollo.

Hablo de personas como Alberto Montoya Fayad, Eduardo Mejía Mejía, la líder feminista Sandra Castañeda o el mismo educador Álvaro Arias Velásquez, todos ellos quindianos notables, quienes podrían liderar una opción al Congreso de la República o ser candidatos a la Gobernación del Quindío.

No es una misión imposible mantener viva, creativa y proactiva la indignación de los quindianos.

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