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LOS CAMINOS DE CALARCÁ

José Nodier Solórzano CastañoPor José Nodier Solórzano Castaño.
josenodiersolorzano@hotmail.com

Quienes desde la palabra, el arte y la cultura han marcado una senda distinta a la celebración del statu quo

Muchos relatos dicen que el Cacique Calarcá, el guerrero Pijao, era un paradigma de rebeldía. Muchas versiones han contado que, en el municipio Calarcá, en todas las épocas han nacido y crecido algunos seres humanos en contravía de un establecimiento como el nuestro -colmado de zalemas, ahíto de simulaciones-, quienes desde la palabra, el arte y la cultura han marcado una senda distinta a la celebración del statu quo.

Así fue Luis Vidales Jaramillo, el poeta de Suenan Timbres, y así ha ocurrido con una tradición de escritores que de tiempo atrás han procurado que el verbo manifieste los significados prístinos, que no encubra, y que la cultura regional tenga una expresión reflexiva y moderna.

No es una tradición solo de la palabra, porque existen otras manifestaciones de la cultura que han propugnado la belleza, que es una dimensión indeclinable en la vida, y también la defensa de la dignidad humana o de la integridad de la naturaleza.

Digo que en Calarcá desde hace años los movimientos ecologistas -liderados por la Fundación Cosmos- o de defensa de los animales, a través de organizaciones no gubernamentales, se han convertido en una vanguardia en el país, en un ejemplo divergente que en otras partes desearían imitar.

En ese sentido, mientras algunos pensamos que los politiqueros nos han llenado las alforjas de frustración, existe aún en la Villa del Cacique una sociedad civil que se resiste, a pesar de la educación pública actual y de la precaria gestión en cultura formativa y creativa, a declinar frente a una historia que hace de los calarqueños un colectivo diferenciado.

Hace algunos meses, por el acicate y la sabiduría del maestro Calarcá, Arlés Herrera, un caricaturista rebelde de corazón, fue convocado el Festival Internacional de Caricatura, que es una iniciativa como pocas que intenta conservar la esencia del paisaje cultural cafetero, es decir, que trasciende los intereses funcionalistas del turismo y busca que nos apropiemos de la necesidad de defender la vida, el agua y el territorio.

La programación del Festival Internacional de Caricatura, apoyada por la Alcaldía, por la Gobernación y por el Ministerio de Cultura, sus exhibiciones, sus conciertos, sus encuentros, restaura para Calarcá desde el 2 hasta el 4 de junio una manera de ser y de vernos.

De entender, por encima de la ignominia que nos han dejado los corruptos o los indolentes, que en los ojos de los jóvenes o de muchos gestores culturales está aún viva la imagen de lo que fuimos en un tiempo y todavía preservamos como un rescoldo: un pueblo que se subleva ante el gesto injusto y que se piensa a sí mismo más allá del consumismo y del capitalismo salvaje.

El maestro Calarcá, José Yesid Sabogal, Jorge Mario Ortiz Salazar, Luis Fernando Londoño, Angélica María Aristizábal, y otros gestores de nuevo han puesto a Calarcá en el mapa de los grandes eventos en Colombia y en el mundo, como ocurrió décadas atrás con otro festival de esta misma especie.

Ellos, una vez más, me hacen sentir orgulloso de los caminos de Quebradanegra, de La Virginia, de los caminos de la insurgencia espiritual, es decir, de aquellos que nos separan del empalago unánime de intereses compartidos por conciencias globalizadas.

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