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JOSÉ NODIER

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EL PARO MAESTRO

José Nodier Solórzano CastañoPor José Nodier Solórzano Castaño.
josenodiersolorzano@hotmail.com

¿Por qué extraviamos nuestro asombro ante la injusticia y paralizamos nuestros sueños?

Ninguna felicidad es posible en el ser humano sin la facultada de soñar. Y lo sabemos porque tenemos la necesidad de poseer, de administrar, la esperanza. De esa facultad, de su ejercicio, depende nuestra sanidad emocional y mental.

Calderón de La Barca, dramaturgo español decía: "Qué es la vida? Un frenesí. ¿Qué es la vida? Una ilusión, una sombra, una ficción; y el mayor bien es pequeño; que toda la vida es sueño, y los sueños, sueños son"

En otras palabras los seres humanos y en especial los jóvenes, que son la savia del universo, deben caminar con sus sueños intactos, efervescentes, listos para sabotear los entresijos de lo pragmático, es decir, animados a masticar los hilos de este gran tejido de intereses económicos, esa trama pesada que a veces aplasta, de manera provisional, las ilusiones más sagradas.

El paro de maestros, que tiene en vilo a más 8 millones de estudiantes, y a millares de padres de familia, nos sigue dejando lecciones de vida.

Esta semana, por ejemplo, con su marcha de antorchas, pensé que mientras los educadores iluminaban el camino de esta sociedad, los estudiantes y los padres de familia, nosotros, desde la barrera, de forma impávida e indolente miramos, como si solo fuera un espectáculo al que asistimos por televisión, la acción de otros que salen a defender los derechos de los niños y de las nuevas generaciones de colombianos.

En muchos años recordaremos este paro como lo que es: un testimonio de valor social, de poder pensar que, más allá de los salarios, más allá del estómago y de la bilis, tenemos un organismo dispuesto para soñar un país mejor, para sentir que es posible transformar la sociedad desde el argumento y desde la deliberación social y crítica.

Así como la Mesa Amplia Nacional Estudiantil, la Mane, en años pasados revolcó los cimientos de la estructura burocrática educativa, cuando convocó los ideales de los muchachos a las calles, ahora no se entiende la bovina pasividad de esas nuevas generaciones o de los mismos padres de familia que desean hijos bien educados, pero ellos, nosotros, solo nos lamentamos de que otros salgan a exponer y arriesgar su integridad física en nombre de todos.

¿Qué nos pasa? ¿Por qué tanta negligencia con el presente y el futuro civil de nuestro país? ¿Por qué extraviamos nuestro asombro ante la injusticia y paralizamos nuestros sueños?

El Papa Francisco en días pasados, así lo decía: "En la objetividad de la vida tiene que entrar la capacidad de soñar, y un joven que no es capaz de soñar está clausurado en sí mismo, está encerrado en sí mismo... Los argentinos decimos no te arrugués, abrite, abrite y soñá. Soñá que el mundo con vos puede ser distinto, Soñá que si vos ponés lo mejor de vos vas a ayudar a que ese mundo sea distinto".

Los adultos, hoy instalados en la comodidad de lo posible, deberíamos estar en la primera línea de protesta contra un Estado mentiroso que, al proponernos o avizorarnos como el país más educado de la región, no obstante, trampea con los recursos para hacer esa tarea posible.

Repito lo que dijo Álvaro Mutis: Que te acoja la muerte con todos tus sueños intactos.

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