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EL MONARCA DE LAS SOMBRAS

José Nodier Solórzano CastañoPor José Nodier Solórzano Castaño.
josenodiersolorzano@hotmail.com

Que ninguna guerra vale la pena, por noble que ella sea exhibida por sus gestores

Los colombianos deberíamos leer la obra de Javier Cercas, en particular su novela El monarca de las sombras, que es la vida de un joven español, Manuel Mena, tío abuelo del autor, y quien murió a los diecinueve años en la batalla del Ebro, el 21 de septiembre de 1938.

Cercas intenta ajustar cuentas con el pasado de su familia y trata de suturar las heridas abiertas por la Guerra civil española. Habría que recordar que los españoles, polarizados entre falangistas y republicanos, se mataron a cielo abierto en una guerra que duró tres años, y que llevó a Francisco Franco a una dictadura, sangrienta, desde esa época hasta 1975.

Digo que los colombianos deberíamos leer esta obra porque entenderíamos, como lo comprendió al final de sus escasos 19 años el Alférez de la Falange, Manuel Mena, que ninguna guerra vale la pena, por noble que ella sea exhibida por sus gestores.

Cercas, un cronista que novela sus historias, como lo hizo también en Anatomía de un instante, nos hace pensar que los genocidios, los magnicidios, las guerras civiles, las grandes heridas abiertas, sin reparación y sin memoria construida, son llagas purulentas que no acaban de sanar.

A través de El monarca de las sombras, donde el narrador de desdobla en la primera persona, la del mismo escritor, y la tercera, la historia de su pariente, podemos extrapolar la violencia que hemos vivido en América Latina. Desde la guerra civil que vivimos aquí en 1948, la dictadura chilena de Pinochet, la dictadura argentina, la barbarie de las guerrillas colombianas, esa locura de la extrema izquierda, o la de los grupos de ultraderecha o paramilitares, y ahora, claro, con la represión de las milicias bolivarianas, ese pataleo infame del inepto presidente de la revolución bolivariana.

Cercas no obnubila de entrada porque su lenguaje, desgranado con un estilo conciso, fino pero no exacerbado, se torna objetivo para llevarnos de su mano a las grandes obsesiones de la vida de España: la guerra civil, Franco y su dictadura, el retorno a la democracia y, en especial, la reconstrucción de la memoria.

Dice en un aparte: "A veces pienso que esos ojos son un espejo y que la nada que veo en ellos soy yo. A veces pienso que esa nada es la guerra". Esa lucha fratricida que llevó a los falangistas a crueldades inauditas, apoyados por Hitler y Mussolini. El bombardeo a Guernica, después de 80 años, es un ejemplo.

Las novelas de Cercas, y en particular El monarca de las sombras, son una cátedra de cómo escribir, de cómo investigar para poder llenar la página en blanco.

El ruido que existe en Colombia —los casos increíbles de corrupción, la bobería amarillista de los noticieros colombianos, la crueldad de las violencias contra los niños y las mujeres, la frivolidad de una sociedad de consumo que se consume a sí misma, en fin— no nos permite entender la metáfora universal de la novela de Cercas, que el fin del conflicto con las Farc es un enorme logro de nuestra sociedad.

A veces la literatura, la ficción, nos permite entender mejor lo que la historia no nos dice o nos oculta. Y que de nada vale, obvio, reinar en los territorios de la muerte.

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