Por Alberto Rosas Londoño (albertorosasl@hotmail.com)
LO QUE PUEDA OCURRIR, OCURRIRÁ
La cultura de la prevención es muy precaria en nuestro entorno, ya lo decíamos en entregas
anteriores, nuestra tradición se centra en esperar a que ocurran los hechos:
incendios, accidentes, colapsos de edificios, explosiones, accidentes de transito, derrame
de sustancias peligrosas, accidentes aéreos, sismos, erupciones volcánicas, etc., para mirar
que acción tomar.
Recorriendo nuestros campos de acción tanto urbanos como rurales encontramos
lo que me he permito llamar "Trampas mortales", las hallamos en nuestra casa,
en el sitio de trabajo, en las calles, en almacenes, en lugares de afluencia
publica como iglesias, discotecas estadios, colegios, escuelas, espacios
públicos, etc.
Ahora bien, debemos despojarnos de una vez por todas de la
amnesia y recordar que estamos ubicados en una zona de alto riesgo sísmico,
pero, debemos acotar que no es el sismo que colapsa las construcciones, es
nuestra falta de cultura para hacerlas en sitio seguros y con técnicas sismorresistentes; y
en general los accidentes, en su gran mayoría, tienen un alta dosis de responsabilidad por
parte nuestra, bien sea por acción o por omisión.
Para concretar hagamos un recorrido por muchas de nuestras ciudades y encontraremos edificios en ruina,
antenas varias de diversas estructuras y longitudes, vallas comerciales igualmente de estructuras
y alturas diversas, ventanas de vidrio deterioradas, ¿quién puede garantizar
que en caso de un sismo, un vendaval, una tormenta, etc., no colapsen y causen
efectos en las personas y en otras estructuras?
Vemos igualmente discotecas en sótanos, almacenes y otros sitios de afluencia pública que no cuentan
sino con una puerta de acceso que es la misma de salida, ¿qué pasaría en
caso de un incendio, un sismo o una falsa alarma?
En muchos edificios en los ventanales se colocan materas, muy lindas por cierto, pero si ocurre
un temblor estas podrían lesionar o matar a los transeúntes.
Los huecos existentes en los andenes por el deterioro o por hurto de las tapas de las alcantarillas
y contadores de servicios públicos, muchas personas han resultado lesionadas.
Cuando se adelantan construcciones o reparaciones en estructuras altas, donde se colocan andamios que no
dan la debida seguridad a los obreros y menos aun a los ciudadanos que se desplazan por la calle.
Algunos postes de la energía o de teléfonos o de antenas que se constituyen en verdaderas marañas por gran
cantidad de cables y que por falta de mantenimiento pueden causar desgracias.
Es costumbre en nuestro medio colocar piedras y ladrillos en los techos de las casas para que el viento no
los levante. Pero no pensamos que en determinado momento estas pesas suelen constituirse en proyectiles
que pueden lesionar o matar a los mismos moradores de las viviendas. Seria más indicado colocarles amarras
y estaríamos más seguros.
Las instalaciones eléctricas improvisadas o efectuadas por personas sin ninguna
técnica. Asimismo la recarga de circuitos o de extensiones eléctricas, donde
a una de estas se le conecta el ventilador, la plancha, la estufa, la licuadora,
el televisor, obviamente se origina un recalentamiento que puede concluir en incendio.
La colocación de armarios altos, bibliotecas con elementos encima en el momento de un sismo
se constituyen en bombas de tiempo que pueden acabar con la vida de las personas
que permanecen o se desplazan por estos sitios.
Ni que hablar de la obstrucción de las rutas de acceso y de salida de algunos sitios de afluencia publica
como colegios, escuelas, universidades iglesias, teatros, estadios, coliseos, cuarteles,
hospitales, almacenes, etc.
El uso de la pólvora ha generado gran cantidad de lesiones, especialmente
en niños, afortunadamente las autoridades en todos los niveles han tomado
conciencia sobre la importancia de esta restricción, autorizando su empleo
sólo a personas expertas. Pero más importante que las medidas coercitivas
es la cultura de los mismos niños y de los padres.
Los incendios forestales normalmente se inician por quemas incontroladas, fogatas o fogones que dejan las
personas cuando van de paseo al campo. La elevación de globos, etc. Como vecinos del planeta
tierra estamos en la obligación de preservar el medio ambiente.
Los carro tanques que se desplazan por el sector de La Línea, en la mayoría de los
casos transportan sustancias peligrosas que ni el mismo conductor sabe como
se manejan. Obviamente nuestros organismos de socorro no cuentan con los
equipos técnicos necesarios para atender una emergencia de esta especie.
Este es sólo un pequeño registro de algunos aspectos relevantes, pero mi inquietud
va encaminada a que sin que se convierta en una obsesión, tomemos la cultura
de la prevención como un aporte constante que estaría complementando nuestro instinto de conservación
y el de nuestros semejantes. |