Por su situación geográfica, el Municipio de Calarcá se podría definir como la confluencia de los distintos conflictos que se viven en Colombia.
En su vecindad, operan grupos guerrilleros, paramilitares y autodefensas, que inciden en las condiciones de violencia y violación de los derechos humanos. A partir del desastre de 1.999, la tasa de muertes violentas por 100.000 habitantes pasó de 35 MV X 100.000 HBTS a 120 MV X 100.000 HBTS, tasa anual que se encuentra por encima de la media nacional, la cual corresponde a 80 muertes violentas por 100.000 habitantes.
En medio del conflicto armado, es la población civil la que lleva la peor parte: desplazamientos forzados, abandono del campo, “boleteo”, perdida de la libertad política de expresión y asociación, miedo en la comunidad y los distintos actores sociales, crecimientos de las posturas autoritarias y represivas, deterioro del servicio de salud, aumento del desempleo y de la pobreza como factores estructurales. Como consecuencias, podemos detectar la disminución cada vez más creciente de la calidad de vida, el aumento de la conflictividad social, la intolerancia y las respuestas violentas, el crecimiento de la violencia intrafamiliar y en general el deterioro del tejido social.
De otra parte, en los últimos cuatro años, Calarcá se ha convertido en lugar de llegada de desplazados provenientes del Tolima, resto del eje cafetero, Cundinamarca y Norte del Valle del Cauca. Según datos de la Red de Solidaridad Social, se encuentran establecidas en el municipio en sus áreas urbana y rural, 104 familias con una población cercana a las 600 personas en condiciones infrahumanas.
Como un resultado de lo anteriormente expuesto, aparece el alto porcentaje de migraciones de personas provenientes de esta zona hacia Europa y principalmente España, lugar a donde llegan casi siempre en condiciones de ilegales a ejercer muchos de ellos y ellas acciones delictivas o de prostitución, aunque habría que reconocer que en su gran mayoría, aún en su condición de ilegalidad, ejercen trabajos honestos.
También merece preocupación, el que muchos de los que emigran son victimas de tráfico de personas que llegan a muchos países del mundo en condición de esclavos modernos, sujetos al engaño y la explotación.
Bajo estas condiciones se pone al orden del día la tarea de asociar toda la intervención de FUNDASCO alrededor de la construcción de la cultura de paz y convivencia.