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Por: Óscar Zapata Gutiérrez
(zapataosc@gmail.com)
Si de locuras esta lleno el espacio geográfico que habitamos, de locura esta hecho el universo
artístico y literario por el cual transitamos a discreción. Las sorpresas de cada día,
junto con el pan nuestro, se suceden unas detrás de otras sin solución de continuidad. De
asombro en asombro, de perplejidades insólitas y de saltos de liebre, vamos de la mano en el colectivo
que abordamos para hacer la vida amable y posible la convivencia pacífica. Al menos como
aspiración dentro de lejanos y tercos moldes arquetípicos, esquivos, en donde la maledicencia o
la ausencia de valores son un lugar común.
La última página del libro de José Nodier Solórzano "Historias del
Prologuista" es la ruptura de la cinta en la meta de llegada y la raya del sentencioso triunfo de un
autor que irrumpe con un nuevo estilo en el fascinante universo de las letras. A veces, no pocas, nos hemos
aventurado a escrutar, con la imaginación, acerca o sobre los componentes intrínsecos del ser
humano. ¿Qué será lo que tiene por dentro? - ¿Cómo lo hace?
¿Cuál es la formula o la receta de cocina? En el vaivén de las preguntas y respuestas
sobresale la vida y obra que imponiendo el sello personal o en su terminología de comunicador su huella
digital irrepetible como la de los habitantes del planeta.
El libro de Solórzano Castaño, aquí reseñado, es una increíble propuesta
lúdica de corte humorístico y singular originalidad que nos permite a los raizales recrear el
entorno en el cual nos movemos y nos hemos movido con personajes de carne y hueso arquetípicos, todos
mezclados en la pantalla de la creatividad y genialidad del proponente que logra un producto de
agradabilísimo sabor, perdurable como las cosas gratas, con marca de fábrica para recurrir en su
lectura y determinarnos a la espera de nuevos productos de la misma factura del que ahora se nos ofrece a los
desprevenidos lectores.
Un fallo sentencioso en materia de artes debería estar desprovisto de fríos análisis y
de los considerandos propios de una sentencia judicial. En el arte, los componentes del veredicto
deberán ser de otra índole. Un me gusta o no me gusta bastarían para relevar al diletante
de consideraciones inútiles o estériles. En mi caso, el libro de Nodier es una sublime y
agradable locura. Me gustó y muchísimo. Un veredicto, el mió, y ¡léelo!, una
consecuencia sincera de querer compartir con otros lo vivido en las páginas que encierra el universo de
un singular libro que denuncia, que propone, que burla burlando, que autocomplace, que caricaturiza, que juega
y ante todo que le resta solemnidad a lo que para otros es pompa o lujurioso ego.
Un fuerte abrazo para José Nodier y a su conglomerado, léase elenco, de amigos y gente que
desfila a lo largo de las páginas de su libro que sonreirán ante la comedia y la genialidad de
la asociación de miembros de la ficción-ficción.(Asoefifi.) |