|
Por: Óscar Zapata Gutiérrez
(zapataosc@gmail.com)
Su lanzamiento colmó las expectativas que, durante meses, nos mantuvo en vilo a quienes esperamos
su publicación. Quienes enviamos material para el libro que Álvaro López sugirió, en un comienzo,
como propuesta editorial, alimentamos el deseo de ver culminado el proyecto en el corto término.
No sucedió así y la idea, que el editor concitó, encontró en sus orígenes toda clase de tropiezos
insólitos, novelescas dilaciones, interrupciones razonables, demoras, examen de textos,
correcciones, consultas obligadas y tantos bretes que nos hicieron pensar en el naufragio del
proyecto en ciernes.
Pudo la terquedad de Álvaro y el aliento solidario de un calificado colectivo que, al final,
concretó el libro que tiene la virtud de reunir, en una obra atípica, la esencia de un pueblo
colmado con la magia y las protuberancias históricas de una aldea legendaria, convertida hoy, en
una ciudad que permanece remozada en los textos incluidos en la obra de los concurrentes que la
exaltan sin los artificios del maquillaje o la exageración.
El considerable número de escritores deja, de buena tinta, una percepción colectiva, de principio
a fin, de una comarca autónoma e irrepetible, de singular historia. Se siente en sus páginas, de
laboriosa y fluida expresión y originalidad, el aliento vital de sus relatores y protagonistas,
el respiro de primera mano del decir de un espacio geográfico y vigoroso, de una cultura notable
e imperecedera, de una aldea, de una ciudad para leer.
El acto académico y social se escenificó con el recogimiento de lo trascendental, de la solemnidad
ritual libre de protagonismos e insulsos boatos, oportunismos estériles o artificios infructuosos.
Cumplimos, era el sentimiento profundo y sin palabras de quien inspiró la creatura y le dio vida
y quien, más acá de la espontaneidad gestual de íntima satisfacción y de irrevocable humildad,
convocó a su pueblo a seguir el cultivo de las buenas letras y a perpetuar a la comunidad en su
legítima condición de ciudad tradicionalmente humanista y culta.
A su gestor y a sus compañeros en la empresa, quijotes y soñadores, un sí rotundo y una invitación
a concretar imaginarios de tanta o mayor magnitud como el que ahora se plasma.
|