Por: Néstor Jaime Ocampo Giraldo (funcosmos@hotmail.com)
El presidente de los Estados Unidos, George W. Bush, vino a visitar las fincas… o el patio trasero
de su país como también llaman a los países al sur del río Bravo. Visitó
Brasil, Uruguay, Colombia, Guatemala y México.
Y hubo un tema recurrente durante las visitas que no ha sido muy destacado por la prensa: los
biocombustibles. Es extraño que no se le haya prestado la debida atención a este asunto porque
se trata de algo que ya está afectando negativamente a los pueblos latinoamericanos y que
afectará de igual manera a toda la humanidad.
Estados Unidos aprobó hace dos años incentivos para el consumo e importación de
biocombustibles y, hace dos años, también, la Unión Europea se propuso como meta, para
el año 2020, sustituir el 20% de su consumo de combustibles fósiles por biocombustibles. La
intención, según dicen, es reducir las emisiones de CO2 para contribuir a desacelerar el
calentamiento atmosférico.
Los biocombustibles son, básicamente: el
etanol que puede obtenerse de la caña de azúcar, el maíz,
la yuca y otras plantas, y el biodiesel que se produce de semillas oleaginosas
como las de la palma africana y el girasol. Pero resulta que la producción de esos biocombustibles nos
está saliendo muy cara. Asesinan y destierran a comunidades indígenas, afro descendientes y
campesinas, y destruyen selvas maravillosas de gran diversidad biológica (como está sucediendo
en el bajo Atrato y otras regiones del país) para ampliar las áreas de cultivo; y algunas
tierras que hoy se utilizan para la producción de alimentos se dedicarán a la producción
de biocombustibles. México y Colombia ya enfrentan el encarecimiento del maíz con el que se
hacen las tortillas y las arepas, básicas en la alimentación popular, e igual está
sucediendo con el azúcar y la panela. Y todo porque es mejor negocio, para unos pocos, vender
biocombustibles a gringos y europeos.
Pero lo más grave y absurdo de todo esto (genocidios, destierro, destrucción de la
diversidad biológica, hambre y sudor para los pueblos del sur) es que no sirve
para detener el calentamiento global. Por lo menos es así para el caso de la palma africana.
Estudiosos de estos temas señalan que el biodiesel de la palma africana resulta ser contribuyente neto
al calentamiento de la atmósfera pues la destrucción de selvas tropicales, para cultivar la
palma, y el hecho de tener que drenar los terrenos, provoca la liberación a la atmósfera de
todo el CO2 que antes retenía esa selva; y la oxidación de la tierra, al ser desecada, genera
aún más CO2 que también va a la atmósfera. Decir, pues, que el biodiesel de la
palma africana genera menos CO2 que los combustibles fósiles, resulta sesgado, mentiroso y hasta
criminal.
Realmente no se trata de resolver problemas ambientales, ni sociales, sino de dar gusto a la voracidad
capitalista de las multinacionales… lo dicho: la estupidez parece gobernar al mundo. |